
Es el conjunto de prestaciones materiales e inmateriales, que se ofrecen al mercado con el propósito de satisfacer los deseos o las expectativas de los turistas.
Viene definido en su totalidad por la demanda. Es el turista el que con su intervención define el producto. Al que se suman sectores de otras actividades no turísticas como compañías aéreas, empresas de ocio, etc…
El producto turístico no es almacenable. La producción y el consumo se desarrollan simultáneamente. Lo que obliga a planificar la demanda con antelación para que se le pueda ofrecer el producto al consumidor en el momento en el que lo requiera.
El consumidor, a la hora de valorar su grado de satisfacción introduce aspectos que no están ligados a la industria turística sino con la actividad del sector público (infraestructuras, seguridad, etc…).
El producto turístico hay que concebirlo como una experiencia global, que por su propia definición elimina el concepto de único productor, puesto que un gran número de agentes distintos van a intervenir en él (transportes, alojamiento, oferta complementaria de ocio, etc…). Se considera, por tanto, un bien único que se adquiere y se valora de una sola vez y cuyo precio engloba cada una de estas partes.
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